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Seis actores en un espacio escénico versátil, una iluminación, un espacio sonoro y unas proyecciones tan inquietantes como la propia historia, más un vestuario que pone el contrapunto cotidiano a tantos hechos extraordinarios que parecieran irreales, son el punto de partida de una puesta en escena en la que la realidad y la imaginación del personaje principal se confunden.

¿Dónde empieza la realidad de los hechos que podrían explicar los terribles asesinatos y violaciones cometidos por el protagonista? ¿Dónde acaba esa realidad y comienza la invención de una mente capaz de crear esos recuerdos? Nuestro propósito es que esta respuesta quede al criterio de cada espectador.